¿DIOS O…QUIEN O QUE?

 

Esta es una de las tantas cosas mágicas, que suceden en Drogadictos Anónimos, A.C. Cada grupo, año con año celebra su respectivo aniversario, en realidad es una mera justificación, por que lo que se celebra ahí es otra cosa, se celebra la vida, la gratitud, la alegría, la hermandad y ante todo se celebra la misericordia de Dios. Todo empieza meses antes, cuando se delegan responsabilidades a cada persona, toda responsabilidad es importante, aunque las actividades son diferentes; Unos se encargan de la comida, otros del salón para las juntas, algunos de la bebida y así unen alegría y empeño para celebrar lo antes mencionado. Nadie es mas que otro, nadie hace poco ni mucho todos hacemos y somos.

     Llega el día por el que se trabajo durante meses, fueron días inagotables de: desacuerdos y acuerdos, de llamadas de atención, a veces muy fuertes, días de acogidas y despedidas, días de abrazos y saludos un poco extraños, días en los que se compartió el pan y la sal, días en los que se lloro de desesperación, de oración constante en la duda ¿y todo para que? ¡Celebrar, que más!

Se inicia dando la bienvenida a todos los hermanos, y no se hacen esperar los primeros gritos de júbilo, los aplausos que se escuchan más allá de las fronteras del silencio. La primera junta inicia con una oración, alimento indispensable para nosotros. En estas juntas se habla de valores humanos, espirituales y morales, se habla de la amistad, del servicio al prójimo, de la familia, de la importancia de la comunicación etc. Las juntas las imparten militantes de la asociación que tienen mas tiempo alejados de la drogas, algunas veces un medico, otras mas algún ministro religioso, y claro siempre cierra nuestro líder, para algunos es solo eso, para otros es el amigo incondicional, para muchos de nosotros, es mucho mas que eso, es un padre espiritual. Esta última junta termina con dos oraciones la del Padre Nuestro y de San Agustín a Dios.

Al término de las oraciones, el éxtasis parece venir, mágicamente se crea una atmósfera, donde las diferencias se les lleva el viento, es igual él que no se ha drogado en días, que el que no se ha drogado en años. Los credos no existen, las condiciones económicas, ni quien se ocupe de niñerías. Los recelos, envidias, rencores, vanidades, complejos y todo lo dañino son pisoteados por la humildad, en esos momentos todos somos hijos, somos hermanos, somos padres, somos amigos, somos sustancia misma del que nos puso en este mundo. Auditorio o salón, eso… eso no importa nadie se fija en pequeñeces, ¡así somos! Disfrutamos el momento y nada más.

     De pronto las primeras notas, de lo que es un himno para nosotros, despiertan anhelos, sueños y esperanzas de los cientos o miles que estén allí, parecen segundos eternos los que faltan para cantar los primeros versos. Por fin, las voces mas que cantar, pregonan, anuncian y alaban:”Hoy al despertar, a la luz de un nuevo día, siento la alegría, de vivir un día mas”, estas primeras palabras traen como consecuencia, una metamorfosis sencillamente inexplicable en las miradas, en los rostros, en las voces, en las expresiones corporales, en las mentes y en los espíritus, hasta el más lleno de egoísmo es capaz de ver esta transformación.

 Los que tenían mirada de odio y a veces miraban sin mirar, ¡están viendo, es un milagro, sus miradas están llenas de vida!, a lo lejos ven posibilidades, ven esperanzas, ven a Dios… no lo pueden negar, sus miradas los delatan.

Los rostros de verdad, no son los mismos, no hay amargura, no hay tristeza se les ve sonrientes, alegres y contentos, irradian algo mas que felicidad, da harto contento verlos, sus rostros no son de ellos, de verdad, ¿Cómo se explica que, esos rostros que hoy brillan, hace días lloraban de amargura? ¡Solo Dios, que más!

Las voces salen de lo más profundo de la gratitud y, las gargantas amenazan con desgarrarse ante tal ímpetu, su armonía es más que un coro de Ángeles, traspasan los límites de lo magistral. Parece que en su canto imploran el perdón: de sus madres, de sus padres, de sus hermanos y hermanas, de sus esposas e hijos y de todas aquellas personas a las que dañaron.

 Por otro lado unos mas saltan y saltan, como si en cada salto quisieran alcanzar lo inalcanzable, más aun, saltan para salir del pozo de las drogas, del sufrimiento, del infierno, de… la nada y así alcanzar la libertad. Saltan por gusto, no hay droga que los obligue, solo el amor, solo Dios.

Los aplausos, ¡Dios mío! Que forma de aplaudir, como digo yo ¡qué bárbaro! Aplauden con furia y con coraje, en cada aplauso quieren aplastar los resentimientos, los odios, las frustraciones. Las manos están a punto de sangrar y no paran de aplaudir, están como dementes, si, están locos de amor.

Ya no es posible contener las emociones y sentimientos, las lágrimas amenazan en aparecer, el orgullo aguanta y las contiene pero… el amor es más fuerte y de pronto, aquellos hombres que no mostraban a nadie su dolor, sus penas, sus tristezas y sus miedos, lloran como niños ante la ausencia de la madre. Los brazos de unos y otros descansan en los hombros de los que lloran, dando consuelo, otros mas sin ningún otro sentimiento que no sea el amor, se funden en un abrazo. Los cuerpos pierden fuerzas ante tal manifestación de ternura, no se puede mas… unos y otros lloran a raudales. Detener esta locura de amor es imposible, el momento es mágico, es divino y el tiempo parece que se detiene, como para contemplar tal espectáculo.

Sigue la canción del “HIMNO A LA ALEGRIA” y por ultimo la de “AMIGO”, no se cansan de cantar, de alabar, de reír, de llorar, de abrazos, de saltos y de aplausos, de verdad, es un verdadero manjar para el espíritu y los sentidos. Falta algo mas que sucede allí, “las porras”, se echan porras a los organizadores, a los que barrieron, a los que sirvieron la comida, a los que hablaron, a los que están, a los que se quedaron, al “DON”, y por ultimo al “jefe” como le llaman a Dios. Al final todos estamos llenos de todos, de todo, de amor, de ternura, sin lugar a dudas estamos llenos de Dios, ya no están solos, ya pertenecen a algo y a alguien

Sr. Artemio Manzano

 

 

 

SR. ARTEMIO MANZANO