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Con todo mi respeto y cariño, dedico este ensayo narrativo del Segundo Congreso Nacional de los Grupos Familiares Drogadictos Anónimos, A.C., a las madres, padres, hijos e hijas, hermanos y hermanas, que con su esfuerzo y cariño sacaron adelante este bonito congreso. Para mí lo importante no fue lo que se dijo, sino cómo se dijo; no son palabras lo que narro, sino rostros, miradas, gestos, ademanes que transmiten mucho más que palabras. “LA FUERZA DEL AMOR ES LA FAMILIA” Padres que por momentos dejaron de ganar dinero para ganar paz, madres que abandonaron sus casas para conseguir un hogar, hijas e hijos en busca de la verdadera fraternidad. Nadie las obligó, ellas así lo decidieron, querían algo más, algo mejor, ese fue el verdadero motivo: “vivir mejor”. Fue esta razón la que los mantuvo firmes en las tribulaciones, así vencieron el desaliento y todo obstáculo que se presentó, con esta idea grabada en la mente, en el cuerpo y en el corazón de todos y todas dio inicio el Segundo Congreso Nacional Grupos Familiares Drogadictos Anónimos, A.C.” Se recorrieron kilómetros y más kilómetros para planear lo deseado. A las reuniones nunca faltaron los saludos sinceros, los abrazos que animaban a los cuerpos cansados, miradas que eran bálsamo para las almas acongojadas, unas palabras despertaban interés y otras coraje, no fue fácil, no. Las despedidas eran con la esperanza de verse pronto, de que llegara al fin el día, el gran día de gozar por lo que se trabajó durante meses. No se puede negar el apoyo que brindaron los jóvenes, como nos llaman a los que somos DA, apoyo que se tradujo en motivación, en enseñanzas y aprendizajes, en dar y recibir, en amar y ser amado y nada más. La hora de llegada del viernes por la noche fue por demás hermosa, hombres y mujeres que parecía ensayaron durante años la bienvenida, recibían a todos y todas con una sonrisa en los labios, nunca hubo un mal gesto y menos una mala palabra, no, la verdad es que no se vio nada de eso. Lo que si se vio por todos lados fueron brazos abiertos de par en par recibiendo lo amado, sonrisas que contagiaban a los rostros adustos, y ni que decir de las palabras, palabras tan cálidas y tiernas como las de la madre cuando le habla a su hijo recién nacido, palabras que penetraban lo más profundo de lo íntimo. De tal manera que todo el que llegaba se llenaba de energía, de amor, de gozo y de paz. Por fin inició el día esperado con las palabras de bienvenida por parte de Paulita, mujer que con ayuda del altísimo ha superado todo obstáculo que atente contra su fe, mujer fuerte que se vence ante el mínimo gesto de ternura. Las palabras fueron lo de menos para los que estuvimos allí, lo mejor fue ver su ánimo y el amor con que se dirigió a los presentes, amor que… como les digo se veía en sus ojos, en su andar elegante y agradecido, es más, ella misma toda irradiaba amor. Todos y todas estaban con la sensación de que lo mejor estaba por suceder, sino es que ya estaba sucediendo. No quiero continuar sin antes mencionar a nuestras queridísimas moderadoras, mujeres que sin lugar a dudas se mostraban agradecidas, motivadas, contentas es decir poco, ya que por todos los poros de su cuerpo se sentía la alegría por vivir. Ni que decir de las edecanes siempre firmes y elegantes, a veces las zapatillas cansaban pero… el amor suavizaba el dolor, vaya un gran aplauso y reconocimiento a estas damas que con su presencia y palabras dieron brillo a este magno evento. La primer junta inició con la participación de la medicina y la religión, los presentes atentos anotaban todo lo que podían, como queriendo grabarlo más que en papel en su corazón. Muy pronto llegó un momento más que especial, mágico diría yo, porque hablaron testimonios o mejor dicho milagros vivos de la misericordia de Dios, Nuestro Padre, risas y llantos se vieron en varios rostros cuando los primeros participantes compartieron sus experiencias. Después, qué les cuento, si ustedes tuvieron la dicha de vivirlo, entre aplausos y porras, con paso sereno y firme subió a tribuna “la pequeña” como la llama nuestro padre y querido amigo “el Don”. Por un momento su mirada recorrió y contempló a los cientos de personas ahí reunidas, sus ojos parecían como no dar crédito a lo que veían, seguramente recordó el dolor, y de pronto el gozo le arrancó un suspiro de gratitud y unas cuantas lágrimas se asomaron amenazando reventar en llanto. Estoy casi seguro que se pregunto ¿Cómo y que darle de comer a tanta gente? No de la comida que alimenta el cuerpo sino al espíritu; reinó un silencio respetuoso como quien sabe que algo importante se va a decir y dijo ella: “todos nosotros hoy tenemos la oportunidad de corregir nuestras vidas” una a una sus palabras penetraban lo más íntimo de los que la escuchamos, y al final de su participación que les digo, solo Dios. El hambre era mucha y todos querían mas comida, así le toco el turno “al Don” no les digo lo que oí sino lo que vi, miradas que recibían cada palabra como quien recibe algo muy deseado, miradas buscando consuelo a sus sufrimientos, miradas esperando la respuesta a sus preguntas, miradas donde se podía ver la necesidad de Dios. De pronto la gratitud tomó forma en los cuerpos de dos jovencitas, y con lágrimas en los ojos recitaron un himno al amor del creador del universo. Las citas bíblicas siguieron proclamándose anunciando la esperanza de un mañana mejor, de una vida mejor y de un mundo mejor. Fue un día por demás maravilloso, hubo tiempo para todo, tiempo para alimentar el cuerpo y el espíritu, tiempo para saludar y abrazar, para tomarse la foto del recuerdo y grabarla en la mente y el corazón, tiempo para escuchar canciones que hicieron reflexionar, gozar, cantar y hasta llorar. Por fin se estaba cosechando lo sembrado, y los momentos de café fueron momentos para dialogar, para preguntar por el amigo, por los hijos, fueron momentos para consolar al afligido y motivarlo, momentos que nadie quería que pasaran porque se gozaba la amistad. No podía faltar el tiempo para llevarse una gorra, una playera, una taza, un llavero, cualquier recuerdo era bueno grabar en el todo lo vivido ahí. Después de terminadas las actividades de ese día nadie quería irse, todos querían quedarse y seguir disfrutando de todos y todas, pero al final todos se fueron con la esperanza de regresar mañana, un mañana que era por demás esperanzador. El día domingo fue el gran festín, inició nuevamente con los buenos días en todos los labios, con abrazos que motivaban a dar el último esfuerzo, con nerviosismo en los organizadores, y la expectación de la familia preguntándose: ¿Ahora que viene? ¿Qué vamos a aprender y a vivir? Así fue como poco a poco el auditorio se llenaba de rostros jóvenes y miradas vivarachas, de cuerpos doblados por los años, de rostros maquillados queriéndole quitar años al tiempo. En las juntas que siguieron se aprendió como en las otras, se aprendió a ver la vida con otra mirada, a ser mejores padres, mejores hijos y mejores seres humanos. Se entregaron reconocimientos a los organizadores que los recibían como el mejor trofeo. Se vio el video de los Grupos Familiares Drogadictos Anónimos, el cual arrancó aplausos y porras. Ya estaba la mesa puesta para el gran banquete, ya no había más tiempo que esperar. La junta magna inició como debe ser, con una oración, oración que unió a todos los credos, posiciones sociales, edades y sexos, todos ahí reunidos por una sola causa: corregir nuestras vidas y ser mejores seres humanos. La que coordinó la junta se veía grande muy grande, no, no era la estatura, era su amor la que la engrandeció, los y las ponentes no hablaban palabras vanas, hablaban el lenguaje del amor de Dios. Proclamaban a los cuatro vientos gratitud por la nueva vida encontrada. Los que oímos recibíamos cada palabra como la tierra reseca recibe la lluvia, algunos lloraron de alegría. Al término de la junta siguió el himno, canción que…hizo cambiar rostros y miradas. Los rostros parecían como transformados, en ninguno se veía algún rastro de tristeza y sí en todos belleza y alegría, las miradas veían lo que ojos ordinarios no son capaces de ver, veían a Dios en todo y todos. La locura era tal que ya no se podía más y, mujeres y hombres, jóvenes y niños rompieron a llorar, no fueron lágrimas de sufrimiento eran de alegría y de gozo, abrazos por todos lados como queriendo retener la felicidad y a Dios mismo. Voces que buscaban su lugar en el corazón del amado, quien las recibía gozoso. Siguió la canción del Himno a la Alegría y los saltos eran tan altos que parecía querían alcanzar la verdadera libertad, aplausos queriendo aplastar y aniquilar por completo la tristeza y el sufrimiento, los cuerpos nunca se cansaron de bailar y de gozar. Al final todos y todas estaban llenos de todos y todas, derramaban paz, alegría, gratitud, esperanza y sobre todo estaban llenos de Dios. La oscuridad se fue y llegó la luz, luz que a partir de ese día iluminará su vida y sus caminos, sólo faltaba algo si es que faltó, llevar este mensaje a todas las personas que se encontraran por el camino de la vida, porque de nada serviría tanto sino se vive la siguiente frase: “La fuerza del amor es la familia”. Paulita, a usted en especial le dedico estas líneas, a usted que es fuerte en la debilidad, a usted que cree en lo que no se ve, a usted que con su presencia ha motivado a cientos de personas a no dejarse vencer por las adversidades. “25 AÑOS TRANSFORMANDO VIDAS” No fue suficiente el argumento de la crisis económica por la que pasa la asociación para suspender el gran banquete, al menos no para uno, no para él. Se necesita mucho más para acabar con los sueños, las esperanzas, la fe y el amor de él, que en su corazón y mente están presentes los días de dolor, ¡Cómo no celebrar nuestros 25 años transformando vidas! Si, la gratitud a la vida es más que la falta de dinero. No había tiempo para buscar más argumentos, y sí para poner en práctica nuestro lema: “la alegría del vivir se encuentra en la alegría por servir” contagiados todos de este sentimiento se iniciaron los preparativos. En cada reunión de trabajo se inyectaba poco a poco esperanza y gratitud a los escépticos. Fueron jornadas largas y duras de ir y venir, de llevar y traer, de hablar y callar, de pedir y dar, de tocar y buscar, de acuerdos y desacuerdos, de proponer y refutar, y de un constante orar para no perdernos en la vanidad. Nadie hizo mas que otro cada quien dio lo que tiene dentro, mucho o poco se hizo con amor, después de todo, todos trabajamos para el mismo Señor y el mismo propósito: “celebrar 25 años de Drogadictos Anónimos, A.C. transformando vidas” Anocheció y amaneció, por fin, el gran día. Los que viajaron miles y cientos de kilómetros no se les notaba el cansancio, bajaban de aviones, camiones y carros con una alegría inusual en sus rostros y miradas. Los abrazos constantes animaban los cuerpos cansados, los saludos un tanto extraños despabilaban a los brazos. En cualquier lugar se escuchaba: ¡qué bueno que viniste, qué gusto me da verte, bien por ti, se nos hizo! Cualquier frase que detonara alegría por la persona encontrada era válida. A la hora de la cena se hizo oración para dar gracias por los alimentos, por llegar sano y salvo, por los que aun venían viajando y por la oportunidad de estar presentes. Después de alimentar el cuerpo y el espíritu cada quien fue llevado a hospedarse. Hubo que levantarse muy temprano para llegar a la cita. Poco a poco el patio del teatro ferrocarrilero fue llenándose, el momento parecía no llegar para entrar a disfrutar el gran banquete. Ya dentro todos no había espacio para la tristeza, solo la alegría y la gratitud se esparcían como fragancia fina llenando cualquier hueco de dolor. No fue fácil, no, decía el que narraba la historia de la asociación, debemos de saber de donde venimos para saber donde estamos y vamos seguía diciendo. ¡Cuántas cosas hermanos, cuántas! Una a una las palabras fueron anidando en el corazón de los presentes, haciéndolos saberse amados porque alguien pensó en ellos y creó Drogadictos Anónimos. La canción de Gracias Señor despertó la locura de saberse vivos, y al final todos los hermanos mayores dieron la bienvenida, y el teatro reventó en gritos de júbilo y gratitud como el recién nació grita para vivir cuando sale del vientre de su madre. No pudo ser mejor el inicio de nuestras juntas de crecimiento, recibir al hombre y la mujer para anunciarles la buena noticia, solo Dios nadie más. La primer junta inició como es y debe ser, con una oración al que hace posible lo inimaginable. Ella se veía grande como las que saben amar, habló como solo ella sabe hacerlo, con fuerza y sinceridad. Siguió él y habló de la historia, su historia, de las carencias económicas y materiales, de cómo con poco se hacía mucho, y de cómo los pocos se hicieron cientos, que hubo que abrir más grupos. Siguió uno mas, habló del servicio y sus bendiciones, de cómo aprendió a servir, de ser testimonio en el servir dentro y fuera del grupo. El último de ellos nos habló del noviazgo y del matrimonio, de la necesidad de mantener comunicación en ambos, pero sobre todo a aprender a obedecer. El receso fue para comentar lo escuchado, para comprar alguna golosina y bueno para tomarnos una buena foto con el amigo, y otras cosas que cada quien en su interior sabe. El hombre sacerdote, amigo de la asociación, inició con una oración al Espíritu Santo, con voz suave decía: las drogas son el peor azote que destruye la vida y la familia. Algunos decían de quien está hablando porque no entendían nada cuando se refería a Viktor E. pero ponían atención para ver si alguna palabra o frase iluminaba su vida. Uno de ellos transcribía algo del folleto “recuerda que el Señor nunca olvidará lo que hacemos por los demás”. Sutilmente las palabras fueron penetrando la coraza de hierro formada por los golpes de la vida, al grado de que se comprendió que se tenía que salir a volar como el águila, fuera estereotipos vanos, fuera ideas que entorpecen el vuelo del espíritu humano hacia Dios. Se llegó la hora de comer y la mayoría lo hizo con harto gusto, ese tiempo se aprovechó para tomar café y nuevamente charlar, otros mas lo aprovecharon para orar. El primer responsable de un albergue sin gente, así presentaron al coordinador de la tercer junta, además de ser uno de las más viejos de la asociación. Se dirigió a los presentes con nostalgia llena de alegría, por momentos su voz se quebraba y sus ojos amenazaban con llorar. El que habló después lo hizo fuerte como quien reprende y denuncia, sus palabras incomodaban a cientos ahí reunidos, cuando recordó al hermano de su sangre se hizo un silencio por respeto al dolor que quema el alma. El último habló de su niñez, de las palabras que atormentan y matan, movido por el amor nos confió una intimidad y sin mas nos leyó la carta que le escribiera a su padre, al cual nunca ha visto. Las mentes callaron y solo dejaron que las emociones se manifestaran a raudales recordando al padre ausente. Movidos aun por la nostalgia algunos buscaban a quien confesar sus sentimientos, mientras esperaban impacientes la última junta, todos querían escucharlo, querían llenarse hasta el hartazgo. Antes que sucediera, Por ti volaré de Andrea Bocelli hizo llorar a una buena parte del teatro. El padre o el amigo, el líder o el fundador como quieran llamarle se presentó como siempre agradeciendo las muestras de cariño de mujeres, niños y hombres. Faltan servidores o mejor dicho discípulos decía con voz firme, nos dio pautas para ser buenos apóstoles del Señor, como: creer en los Doce Pasos, ser asiduos en la oración, mantener comunicación y otras más. Cuando él creyó que ya había pasado todo, uno de los hijos se dirigió a él y con voz cortada agradecía el amor del hombre por los hijos. “Esos tus cabellos blancos, bonitos y ese andar cansado” brotó de lo mas profundo de los sentimientos de la mayoría de los ahí reunidos, la afinación y lo uniforme de las voces no era lo mejor, sino el amor con que se cantaba. Se le entrego en un baúl el sentir de los hijos de los hijos, besos, abrazos, felicitaciones y fotos como queriendo llevarse un poco de ese momento. Al final de la jornada con los cuerpos cansados y el corazón hinchado de paz, cada quien se fue alejando con la esperanza de recibir mas al día siguiente. Mientras unos dormían otros oraban y unos mas afinaban los detalles para el gran día. Esta vez le tocó el turno a la sala de Congresos del Centro Médico, recibir a los cientos de familias, compañeros y amigos. El médico amigo de la asociación abrió las juntas de ese gran día, él habló de los chantajes del enfermo y de la responsabilidad de la familia ante este fenómeno llamado drogadicción. La familia sabía de qué le hablaban, con atención escuchaban como reconociendo sus errores y alimentando sus esperanzas de vivir mejor. Otras más preferían anotar para que no se les olvidara qué debían de hacer. El siguiente orador intentaba que sus palabras penetraran la mente de los reunidos ahí: todo es posible decía, ustedes son una posibilidad, aférrense a un amor y luchen por él. No se puede negar que intentó transmitir esperanza. En los recesos se compró una playera, un llavero, un disco o cualquier otro souvenir que recordara el momento memorable. Algunas madres preferían buscar al hijo amado para saludarlo y llenarlo de besos como cuando se recibió al hijo pródigo; algunas esposas corrían con sus hijos y la esperanza de ver al padre; y algunos padres buscaban con vehemencia a los hijos como para pedirles perdón. Las reglas en ese momento al amor no le interesan, lo único que quiere es manifestarse. El tiempo se llegó, empezaron a llegar autoridades y amigos de la asociación para la Junta Magna. Había representantes del gobierno de: el Estado de Morelos, Guerrero, Estado de México y Guanajuato, de Monterrey nos visitó un sacerdote de la iglesia católica. Olvidaba decir que estuvieron presentes también representantes del gobierno de Jalisco. El que coordinó la junta emocionado mencionaba con prontitud a los más de 300 festejados, por cierto todos ellos vestidos elegantemente de traje negro. El primer orador nos conmovió al compartir su pasada vida vacía y la gratitud que hoy siente por la asociación. La siguiente que habló lo hizo con el corazón en la mano provocando que a un buen número de los presentes se les escaparan algunas lágrimas. Le tocó el turno a la mujer que en silencio cumple su misión, decía: amo a todos pero un poquito más a aquellos que padecieron hambres y penurias para que ustedes vivieran de mejor forma. Todos ustedes deben de confiarse a sus compañeros de más tiempo, porque ellos quieren lo mejor para ustedes. Algunas lágrimas se asomaron cuando abrió de par en par su corazón. Algunos no entendían el por qué se levantaban y volvían a sentarse, algunos sabíamos que era por respeto y admiración al dador de la vida. Siguió el hombre que se enamoró de la hermana pobreza y de los pobres ricos, desde el fondo de sus sentimientos brotaron las siguientes palabras: “yo soy un militante más de esta institución” y al unísono aplaudieron los hijos para acogerlo como uno más. Su mirada irradiaba felicidad no podía negarlo, menos disimularlo. Cuando sus ojos miraron arriba y abajo, quedó anonadado al ver la grandeza de Dios manifestada en pequeños que parecían gigantes. De pronto su voz parecía romperse y amenazaba con soltarse a llorar como un chiquillo. Cuando se retiró la mayoría le manifestó su gratitud con aplausos y porras, entre ellos los niños y las Magdalenas., poco a poco se fue alejando con paso sereno como quien se sabe amado por su Creador, y con una sonrisa en el rostro como sintiéndose satisfecho y agradecido. Al final habló el que nunca dejó de creer, el que luchó por sus sueños y esperanzas, el que ha sido fuerte en la debilidad ¡Quién más que el queridísimo Don! Qué les digo si ustedes vieron y escucharon. Decía el hombre que el sirve para el altísimo y no para los ángeles. Al final se cantó el Himno de DA y la de Amigo, y estas arrancaron de los más duros de corazón, lágrimas que purificaban su alma acongojada. No solamente ellos lloraron fueron muchos y muchas, es que es imposible ser insensible ante tal manifestación, porque en cada lágrima se pedía clemencia y perdón, se lloraba por el hijo ausente, por la madre sin entrañas, por el padre sin rostro. Otros lloraban abrazados dándose paz uno al otro, otro mas acariciaba la cabeza del sufrido, tal como lo hace una madre con el hijo amado. Abrazos, felicitaciones y besos amenizaban como orquesta la gran fiesta. Nadie quedó pobre aunque gastó mucho, todos se gozaron y nos gozamos. Seguramente Dios complaciente observaba la alegría de sus hijos, no cabe duda que este 25 aniversario fue y será memorable. A ti querido Padre y Amigo dedico estas líneas, escribí lo que vi y sentí de esta nuestra fiesta, tu fiesta.
LA SOLEDAD COMO AMIGA
¿Cuántos podemos decir que tenemos a la soledad como amiga? A muchos, escuchar esta palabra, nos causa temor y angustia, y es por que no hemos descubierto su verdadero rostro, y por ello no podemos amarla, porque se ama lo que se conoce y si no nos conocemos, no podremos amarnos. No se trata de buscar la soledad para aislarnos de nuestros semejantes, sino por el contrario, para acercarnos más a ellos de una forma honesta y sin máscaras, tampoco es para buscar la lástima, la conmiseración y fugarnos de nuestra realidad no… por favor, no se trata de eso. La búsqueda de la soledad como compañía, nos debe de servir para ponernos en paz espiritualmente, conocernos a profundidad, poner en orden nuestras ideas, emociones y sentimientos. Aquellos de nosotros que hemos erradicado este miedo a estar solos, sabemos que los minutos, o a veces horas dedicados a estar en soledad, son de gran beneficio, es más, la llamamos y vamos tras ella como el enamorado busca a su amada. Hoy los seres humanos, tenemos a nuestro alcance medios para comunicarnos en fracción de segundos con cualquier persona a largas distancias, pero por desgracia, algunos nos hemos olvidado de comunicarnos con nosotros mismos, una de las causas es que tenemos un enorme miedo a sentirnos y estar solos. ¿No es cierto que, al llegar a casa, automáticamente prendemos el televisor, la radio o tomamos el teléfono y llamamos a alguien para no estar solos con nosotros mismos? No se trata de satanizar el televisor o la radio, sino de cumplir una de las maravillosas tareas del ser humano hacerse amigo de uno mismo, porque de no hacerlo viviremos siempre con temores. Cuántos vivimos vidas llenas de falsas apariencias y emulaciones, porque tenemos miedo a ser nosotros mismos, que nos acepten y amen como en realidad somos, ¿Cuántos? Acaso tú o, tal vez yo. La emulación y las falsas apariencias nos alejan de los demás y de nosotros mismos. Algunos enamorados cuando salen con su enamorada, al poco tiempo, tal vez inconscientemente empiezan a ponerse máscaras y no se muestran tal cual son, hablan de amor y sueños románticos, y en lo oscuro de sus mentes ocultan sus verdaderas intenciones. Otros más presumimos grandes riquezas materiales, y somos esplendidos con el mesero, y la razón es que tenemos miedo a ser nosotros mismos. Llega un momento en la vida, en que los seres humanos nos hartamos de no ser nosotros mismos, de tratar de quedar bien con todos, de ocultarnos y negarnos a que los otros nos conozcan tal cual somos. Durante mucho tiempo nuestros miedos, caprichos y exigencias nos hacen cincelar una imagen falsa de nosotros mismos, porque tenemos miedo al rechazo, a la crítica y a la burla. Esta forma de ser y actuar, va provocando un gran vacío en nosotros y la sensación de no pertenecer a nada ni a nadie, hasta que no nos decidimos a actuar y decimos ¡Ya basta, sé tú mismo! Solo en el hartazgo del vacío existencial, es cuando empezamos a buscar la soledad, el principio es difícil, los primeros momentos son para lastimarnos, algunas veces hasta se siente repugnancia de nosotros mismos por los actos y pensamientos equivocados, pero, poco a poco vamos aprendiendo a estar en compañía con nosotros mismos. Día con día se descubre más, y siempre se quiere más tiempo. Alejados de los espectadores del circo de nuestras vidas, descubrimos que aquellos que nos elogiaban por nuestras palabras, no existen más, con los que quisimos quedar bien y poner cara sonriente se fueron y… solo quedamos solos con nuestra soledad, a ella no podemos engañarla, manipularla y extorsionarla, no a ella nunca, porque nos conoce más que nosotros mismos. El resultado de esos momentos de soledad, descubrimos que, en ocasiones sonreíamos cuando teníamos ganas de llorar; hablábamos demasiado cuando teníamos que callar; callábamos cuando queríamos hablar; ofendimos cuando teníamos que pedir perdón; pedimos comprensión cuando en realidad, lo que queríamos era la compasión y lástima de los demás; fuimos injustos y severos con los errores de los demás en lugar de comprenderlos y aceptarlos; criticamos a nuestro mejor amigo cuando no estaba presente con el argumento , “para que lo comprendan” cuando en realidad, lo que buscamos era mostrarnos superiores. Por estas razones y otras mas, llegamos a sentir los tormentos de exclusión, esta forma de actuar también provocó que nos pusiéramos en enemistad con nosotros mismos, cuando empezamos pues, esta tarea de convivir con nuestra soledad, platicar con ella, discutir sobre diversos temas y hasta reírnos de nuestras equivocaciones, la vamos queriendo tanto que, muchas veces, hasta nos aconseja, nos corrige y alienta. Dedicarnos un tiempo a estar solos es una experiencia reconfortante, no debemos tener miedo, pues se gana más de lo que se cree; tampoco es una pérdida de tiempo, recordemos que en ocasiones, pasamos más tiempo frente al televisor sin ningún beneficio. Como padres de familia, necesitamos estar solos por unos momentos para reflexionar hacia donde estamos guiando a nuestros hijos, qué estamos enseñando con las palabras y qué con los actos. Pocos padres de familia enseñan a sus hijos a estar en soledad y reflexionar acerca de sus actos y pensamientos. Para los esposos, este tiempo de soledad es indispensable para reflexionar acerca de nuestras relaciones sociales, sexuales, emocionales y sentimentales con la esposa, ¿Qué está mal? ¿Qué es necesario cambiar de mis palabras y actos? ¿Qué es bueno hacer más seguido con mi esposa a solas? ¿En realidad me estoy esforzando en hacer feliz a mi esposa? ¿Desde cuándo dejé de pedir las cosas por favor y dejé de agradecer? Los padres de familia también necesitamos tiempo para reflexionar acerca de nuestra condición espiritual, son tantas y tantas preguntas que, solo encontrarán respuesta ahí, en el rincón oscuro de nuestra soledad, allí donde nadie interrumpe, nadie observa y nadie critica, solo estamos nuestra fiel compañera y nosotros para descubrir equivocaciones y aciertos, y así prepararnos para vivir bien el día de mañana, con las dificultades que se presenten y sin temores. Sin lugar a dudas, es vital importancia detenernos, hacer un alto en nuestras vidas, ya sea como hijo, hija, padre, madre, esposo, esposa etc. Para mirarnos en el espejo de la soledad y descubrir qué camino estamos recorriendo, y hacer por supuesto, las correcciones necesarias, con el fin de vivir intensamente el presente, como si fuera el último día de nuestras vidas, y dejar de lastimarnos con los errores del ayer y abrumarnos con las preocupaciones del mañana.
¡25 años hermanos, quién lo dijera!
¡Cuántos momentos hermanos, cuántos! Cuántos momentos hermanos, cuántos. Artemio Manzano
GRACIAS Cómo agradecer, Señor, por la mujer que amo. Artemio Manzano. |
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